1Quítate, Jerusalén, el vestido de luto y de tu aflicción
y vístete de gala, de la gloria
que Dios te otorga para siempre.2Envuélvete con el manto de la justicia de Dios,
ponte en la cabeza la corona gloriosa del Eterno.3Dios mostrará tu resplandor a toda criatura bajo el cielo.4Porque Dios te llamará para siempre con el nombre de
«Paz de la justicia» y «Gloria de la piedad».5Levántate, Jerusalén, ponte en alto,
observa hacia oriente y contempla a tus hijos reunidos,
desde donde sale el sol hasta el ocaso,
por la palabra del Santo,
alegres porque Dios se acordó de ellos.6Partieron de ti a pie, llevados por los enemigos,
pero Dios te los devuelve en triunfo,
como sentados en un trono real.7Dios mandó allanar toda alta montaña
y las rocas eternas,
y rellenar todo valle hasta nivelar la tierra,
para que Israel camine seguro bajo la gloria de Dios.8Por orden de Dios, todas las selvas
y todo árbol de suave olor darán sombra a Israel.9Porque Dios conducirá a Israel con felicidad
a la luz de su gloria,
con la misericordia y justicia propias de Él.
Copia de la carta que envió Jeremías a los que iban a ser conducidos como cautivos a Babilonia por el rey de los babilonios, para anunciarles lo que le había ordenado Dios: