1»Aquel día habrá una fuente abierta para la casa de Judá y para los habitantes de Jerusalén, para lavar el pecado y la impureza.2»Aquel día —oráculo del Señor de los ejércitos— extirparé del país los nombres de los ídolos y no serán mencionados más. También haré desaparecer del país a los profetas y al espíritu impuro.3Si alguien profetiza todavía, su padre y su madre que le engendraron le dirán: “¡No vas a quedar vivo, porque has hablado falsedad en Nombre del Señor!”. Su padre y su madre que lo engendraron lo traspasarán mientras esté profetizando.4»Aquel día, cuando profeticen, se avergonzarán los profetas, cada uno de su visión, y no se vestirán el manto de pelo para engañar,5sino que dirán: “Yo no soy profeta, yo soy trabajador de la tierra, pues un hombre me contrató desde mi juventud”.6Y si le dicen: “¿Qué son esos cortes en tus brazos?”, responderá: “Fui herido en casa de mis amigos”.7»¡Álzate, espada, contra mi pastor,
contra el hombre amigo mío
—oráculo del Señor de los ejércitos—.
Hiere al pastor y se dispersarán las ovejas,
Yo volveré mi mano contra los corderos.8Acaecerá en toda esta tierra
—oráculo del Señor—
que dos tercios de ella
serán exterminados, perecerán,
y un tercio quedará en ella.9A este tercio lo haré pasar por el fuego:
los acrisolaré como se acrisola la plata,
los probaré como se prueba el oro.
Él invocará mi Nombre,
y Yo le escucharé.
Y diré: “Él es mi pueblo”,
y él dirá: “El Señor es mi Dios”.