Traducción de la Biblia
Biblia de Navarra
Sabiduría
Capítulo 18
1Para tus santos, en cambio, había la mayor luz. Aquéllos, que oían su voz pero que no los veían, los proclamaban dichosos porque no habían sufrido como ellos,2y les daban gracias porque, habiendo sido ofendidos, no se vengaban, y les pedían perdón por haberles sido hostiles.3En vez de tinieblas les diste una columna de fuego flameante, como guía para el viaje desconocido, y un sol inofensivo en su gloriosa ruta.4Aquéllos eran merecedores de carecer de la luz y de estar encarcelados en tinieblas, por haber retenido encerrados a tus hijos, por los cuales iba a ser dada al mundo la luz incorruptible de la Ley.5A los que decidieron matar a los niños de los santos, —sólo un niño fue expuesto, y se salvó—, les arrebataste en castigo una multitud de hijos suyos, y les hiciste morir, todos juntos, en el agua impetuosa.6Aquella noche fue anunciada de antemano a nuestros padres, para que se alegraran, conscientes de las promesas en que creían.7Tu pueblo recibió expectante la salvación de los justos y la perdición de los enemigos.8Porque con lo mismo que castigaste a los adversarios, con eso mismo, nos glorificaste llamándonos a Ti.9Los hijos santos de los buenos ofrecían sacrificios a escondidas y se imponían unánimes esta ley divina: que los santos compartirían por igual los bienes y peligros; así empezaron a entonar los cantos de alabanza de los padres.10Hacían eco los gritos descompuestos de los enemigos y cundía el lamento de los que lloraban por sus hijos.11Idéntico castigo era infligido al esclavo y al señor, lo mismo sufría el hombre del pueblo que el rey.12Todos por igual, por el mismo género de muerte, tenían innumerables muertos. Los vivos no eran suficientes ni para enterrarlos; en un instante se perdió su más noble estirpe.13Cuantos no habían creído por culpa de sus sortilegios, a la vista de la muerte de los primogénitos, confesaron que este pueblo era hijo de Dios.14Cuando un sereno silencio lo envolvía todo y la noche estaba a la mitad de su curso,15tu omnipotente Palabra desde el Cielo, desde los tronos reales, como guerrero implacable, se lanzó sobre aquella tierra desolada, llevando la espada afilada de tu orden terminante.16Deteniéndose, llenó todo de muerte. De una parte, tocaba el cielo; de otra, se apoyaba en la tierra.17Entonces, de pronto, les asaltaron visiones de sueños terribles, les invadieron temores inesperados.18Uno aquí, otro allá, caídos medio muertos, manifestaban la causa de su muerte;19pues los sueños perturbadores se lo habían preanunciado, para que no perecieran sin saber por qué padecían.20La prueba de la muerte alcanzó también a los justos y hubo en el desierto una matanza de muchos. Pero la ira no se prolongó por largo tiempo,21pues un varón sin mancha se apresuró a luchar tomando las armas de su ministerio: la oración y el sacrificio expiatorio del incienso. Hizo frente a la cólera y puso fin a la calamidad, mostrando ser tu siervo.22Venció a la indignación no con la fuerza del cuerpo, ni con el poder de las armas, sino que sujetó al que castigaba con la palabra, recordándole las alianzas y los juramentos hechos a los padres.23Habían caído ya los muertos a montones, unos sobre otros, cuando él, alzándose en medio, detuvo la ira y le cortó el camino hacia los que aún vivían.24En su veste talar estaba todo el universo: los nombres gloriosos de los padres en bordado de cuatro hileras de piedras talladas, y tu Majestad en la diadema sobre su cabeza.25Ante estas cosas, el exterminador retrocedió, les tuvo miedo; pues era suficiente la sola prueba de la ira.
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